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domingo, 7 de diciembre de 2014

ANTONIO COLINAS : ESPAÑA 1946- (SELECCIÓN DE POEMAS)

NOCHE MÁS ALLÁ DE LA NOCHE (1980-19829)


CANTO II

Un sol de piedra tengo contenido en mi cráneo.
Tengo un lago de plata fundida en mi cerebro.
Me está abrasando el alma un milenio de música,
mientras  llega del fondo de la noche y su nada,
del lomo adormecido y bestial del desierto,
un perfume de estiércol y de intensos jazmines:
aroma que no aroma en la nada vacía.
Se tambalea el orbe en la curva del límite,
en esta arena que es trituración de estatuas
y  de sueños, o acaso el herido costado
de un  cadáver sediento  que se arrastra hacia el mar.
Algo viene de lejos, y nos llama, y se va.
y  todo es  un silencio, y un presente infinito.
Algo devora el alma en su inmovilidad.
Algo silba en la médula de las vértebras, sube
como mercurio o bola de oro o de fuego.
hasta el cráneo y allí estalla, y nos sumerge
en un mareo inmenso a mi carne y al mundo.
¿Será  acaso el desierto el  fósil  de algún cielo,
firmamento en cenizas o un gran mar calcinado?
¿y el cielo no será  un desierto mineral, negador,
a pesar de sus brillos, del secreto divino?
El cuerpo del desierto  y el cuerpo del mar
se penetran  de noche, y ya oigo derramado,
allá arriba, un aullido de placer y de muerte
en el que se desgarran los hombres y los dioses
que a lo largo del tiempo han sido, y que serán.



 CANTO XXXV



Me he sentado en el centro del bosque a respirar. 
He respirado al lado del mar fuego de luz. 
Lento respira el mundo en mi respiración. 
En la noche respiro la noche de la noche. 
Respira el labio en labio el aire enamorado. 
Boca puesta en la boca cerrada de secretos, 
respiro con la sabia de los troncos talados, 
y, como roca voy respirando el silencio 
y, como las raíces negras, respiro azul 
arriba en los ramajes de verdor rumoroso. 
Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce 
sombrío de mis venas toda la luz del mundo. 
Y yo era un gran sol de luz que respiraba. 
Pulmón el firmamento contenido en mi pecho 
que inspira la luz y espira la sombra, 
que recibe el día y desprende la noche, 
que inspira la vida y espira la muerte. 
Inspirar, espirar, respirar: la fusión 
de contrarios, el círculo de perfecta consciencia. 
Ebriedad de sentirse invadido por algo 
sin color ni sustancia, y verse derrotado, 
en un mundo visible, por esencia invisible. 
Me he sentado en el centro del bosque a respirar. 
Me he sentado en el centro del mundo a respirar. 
Dormía sin soñar, mas soñaba profundo 
y, al despertar, mis labios musitaban despacio 
en la luz del aroma: "Aquel que lo conoce 
se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido".



DE “TIEMPO Y ABISMO”  1999- 2002


Zamira ama los lobos

Zamira ama los lobos.
Yo quisiera ir con ella a buscarlos
a las tierras más altas,
donde los robledales rojos de Sotillo
han perdido sus hojas en las fuentes,
allá donde los caballos
beben el agua helada de las cascadas
y se espera la nieve
como una bendición.
Tú y yo estamos en este hospital
esperando a la muerte.
No la muerte tuya ni la muerte mía,
sino la de aquellos que nos dieron la vida.
Y éstos, ¿a quienes pasarán,
cuando mueran, sus muertes?
Tú y yo esperando el final,
El vacío del límite,
mientras la vida brilla y tiembla entre nosotros
como un cuchillo inocente.
Y es que, esperando la muerte de los otros,
esperamos, un poco, la muerte nuestra.
    Quizá, por ello, Zamira ama los lobos.
Quizá, por ello, yo deseo también
salir a buscarlos con ella este mes de diciembre
a los páramos altos,
a los prados remotos.
Y podríamos ver los espinos,
y las brasas de sangre del sol
en mimbrales morados.
Puesta ya en nuestros ojos
la venda de la nieve,
que no pensemos más, que ya no nos deslumbre
el acre resplandor de los quirófanos.
Zamira ama los lobos,
quiere escapar del laberinto de piedra y cristal
del dolor.
Zamira: partamos y no regresemos.



I

Ya no hay luz en el mundo.
Toda la luz está en nuestro interior.
Toda la luz está entre nuestras cejas,
en ese centro o punto
donde un tiempo eterno
nos está contemplando.
Esa luz que ya es
todas las luces
y en la que descansa
la palabra más viva
por muerta.

No olvidéis la palabra sin letras,
la que entreabre muros
y es flecha hacia el abismo
de la luz.
No olvidéis la palabra
que aún grita su silencio.

Cierro los ojos.
Tiembla el ciprés.











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