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domingo, 2 de abril de 2017

MAHMUD DARWISH 1941 AL-BIRWA



EL CIPRÉS SE HA TRONCHADOResultado de imagen para darwish
El ciprés se ha tronchado cual alminar
Y se ha dormido
De camino a la austeridad de su sombra,
Verde, oscura,
Tal cual. Nadie sufre ningún mal.
Los coches han pasado, rápidos, sobre sus ramas.
El polvo ha cubierto los cristales...
El ciprés se ha tronchado pero
La paloma no ha dejado su nido público
En una casa vecina.
Dos pájaros migratorios han volado sobre sus alrededores
Y se han intercambiado algunos símbolos.
Una mujer ha preguntado a su vecina:
¿Has visto pasar una tempestad?
Ella ha respondido: no, ni una apisonadora...
El ciprés se ha tronchado.
Los que han pasado por sus ruinas han dicho:
Tal vez se haya cansado del descuido,
O esté caduco porque es grande cual jirafa,
Tan vacío de sentido como una escoba,
Y no da sombra a los enamorados.
Un niño ha dicho: yo lo he dibujado perfectamente,
Su silueta es fácil. Una niña ha dicho:
El cielo hoy está incompleto porque el ciprés se ha tronchado.

Un joven ha dicho: el cielo hoy está completo

viernes, 31 de marzo de 2017

CÉSAR DÁVILA ANDRADE 1919 1967 (ECUADOR)

CANCIÓN A TERESITA                         (Apasionadamente)


Pálida Teresita del Infante Jesús,
quién pudiera encontrarte en el trunco paisaje 
                                               de las estalactitas, 
o en esa nube que baja, de tarde, a los dinteles,
entre manzanas blancas, en una esfera azul.

Caperucita parda,
quién pudiera mirarte las palmas de las manos, 
la raíz de la voz.
Y hallar sobre tus sienes mínimos crucifijos, 
bajando en la corriente de alguna vena azul. 
                         Colegiala descalza,
                         aceite del silencio, 
                         violeta de la luz.

Cómo siento en la noche tu frente de muchacha, 
encristalada en luna bajar hasta mi sien. 
Cómo escucho el silencio de tu paseo en niebla, 
bajando la escalera de notas del laúd.

Cuando amanece enero, con su frío de nácar, 
sé que tu pecho quema su materia estelar;
y que la doble nube de tus desnudos hombros 
se ampara en la esquina delgada de la cruz.

Cómo escucho en la noche de caídos termómetros, 
volar, rotas las alas, el ave de tu tos;
y llorar en la isla de una desierta estrella 
a jóvenes arcángeles enfermos como tú. 
Teresita:
esa hierba menuda que viene de puntillas 
desde el cielo a las torres;
ese borde de guzla que nace en los tejados;
esa noción de beso que comienza en los párpados; 
la trémula angostura del abrazo en los senos: 
todo lo que aún no irisa la sal de los sentidos
y es sólo aurora de agua y antecede a la gota, 
y tiene únicamente matriz en lo invisible;
lo mínimo del límite, le que aún no hace línea, 
eres tú, Teresita, castidad del espectro.
La comunión primera de la carne v el cielo. 

Cuando el olivo orea su balanza de nidos, 
cuando el agua humedece la niñez del oxígeno, 
cuando la tiza entreabre en las manos del joven 
la blancura de un lirio que expiró en la botánica, 
allí estas tú, Teresita, víspera del rocío,
en la hornacina pura de un nevado corpiño, 
con tu fantasma tenue, concebido en la línea 
ligera y sensitiva en que nacen las sílfides.

                          Suave, sombra, celeste, 
                          soledad silenciosa.

¿Quién te entreabrió ese hoyo de dalia en la sonrisa? 
¿Quién te vistió de clara canela carmelita
como a una mariposa? 
¿Quién colocó en tus plantas 
los descalzos patines de celuloide y ámbar? 
¿Quién te ungió las manos de divina tardanza 
para que no pudieras
jamás herir las cosas?

                           Tenue, tímida, tibia, 
                           traslúcida, turgente.

Por tu amor, la madera se vuelve una sortija 
y la niebla, sonata al pasar por los álamos.

Por tu amor, en el éter se conservan los trinos, 
las plegarias se tornan cascabeles azules
y la espiga, una trenza del color de los cálices.

                            Delgada, dulce, débil,
                            divina, delicada.

Tu doncellez intacta crea nardos ilesos
sobre ese fino valle del aire en los cristales, 
cuando sólo es un trémulo sonido que no alcanza 
a embozar en el tímpano el espectro del canto. 

Novia que viajas sola
en un velero de hostias.
Enamorada pura en la edad de la garza.

                             Niña, nupcial, nerviosa,
                             nívea, naciente, núbil.

Cómo veo tus manos pasar por los bordados 
y abrir una acuarela de anclas y corazones; 
tus ojos que conocen esos duendes de cera 
que andan con las abejas al pie de los altares.

Cómo siento tus trenzas ocultas en una gruta, 
donde se agrupa el oro bajo un toldo de lino.

                              Ideal, ilusa, íntima, 
                              irreal, iluminada.

¿Quién podrá olvidar tu nombre, Teresita?
¿Tu nombre que comienza en una noche de estrellas 
y ha cambiado el sentido de la lluvia y las rosas?

Lo pronuncian los niños al llamar a las aves,
o al decir que las cosas les nacen en los ojos.

Las bellas colegialas que recogen en coro 
una llovizna azul en el hoyo de las faldas.

Las novicias que cantan entre muros de nieve 
y crucifijos pálidos.

Los monjes que hicieron de su sangre una nube 
para guardar los campos con escuadrillas de ángeles.

Por tu finura de ángel con alas de violeta
y tu ternura inmensa que, a veces, se hace pena, 
un Amor Infinito escribió en el cielo
la inicial de tu nombre con un grupo de estrellas.




martes, 28 de marzo de 2017

EUGENIO MONTEJO 1938-2008 (Caracas, Venezuela)

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EL BUEY 
El buey que lleva mis huesos por el mundo,
el que arrastra mi sombra,
uncido a las estrellas, a yugos siderales,
va arando el tiempo, no la tierra,
por eso es sabio, profundo, demorado,
al tardo paso de las nubes.
Es mi buey, mi maestro cuadrúpedo,
por quien he conocido en la quietud
el habla porosa de las piedras
y cierta obediencia práctica a las cosas,
casi taoísta.
Es mi buey, la parte móvil de mi estatua,
lento de sol a sol sobre las horas;
el que ara el tiempo, no los campos,
el que graba con surcos en mi rostro
las semanas, los meses y los años.

viernes, 24 de marzo de 2017

HAFIZ 1320-1389 (Shiraz)


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NO TE AFLIJAS

No te aflijas: la belleza volverá a encantarte con su gracia;
tu celda de tristeza se trocará en un jardín de rosas.
No te aflijas: tu mal será trocado en bien;
no te detengas en lo que te inquieta,
pues tu espíritu conocerá de nuevo la paz.
No te aflijas: una vez más la vida volverá a tu jardín
y pronto verás, ¡oh cantor de la noche!
una corona de rosas en tu frente.

No te aflijas si, algún día,
las esferas del cosmos no giran según tus deseos,
pues la rueda del tiempo no gira siempre
en el mismo sentido.
No te aflijas si, por amor, penetras en el desierto
y las espinas te hieren.
No te aflijas, alma mía, si el torrente del tiempo
arrastra tu morada mortal, pues tienes el amor
para salvarte del naufragio.
No te aflijas si el viaje es amargo,
no te aflijas si la meta es invisible.
Todos los caminos conducen a una sola meta.
No te aflijas, Hafiz, en tu rincón humilde
en que te crees pobre, abandonado a la noche oscura,
y piensa que aún te queda tu canción y tu amor.









ALBA

Esto dijo al alba el ave a la rosa recién despertada:
«Sé amable, pues muchas como tú florecen en esta explanada.»
La rosa rió: «Verás que en verdad no mostramos dolor,
Mas nunca un amante con tan duras palabras acosó a su amor.
Si tu deseo es beber vino de rubí de la copa enjoyada
Debes ensartar perlas y corales traspasados por pestañas.
No puede atraer a las ventanas de su nariz el sabor del Amor
Quien el polvoriento suelo de la taberna con la mejilla no barrió.»

Anoche, en el jardín de Iram, cuando en el aire agradecido
La brisa del nuevo día meció las hermosas trenzas de jacinto
Pregunté:«Trono de Jamshid, ¿dónde está la copa que revela el mundo?
Suspiró: «Esa despierta fortuna yace ahora en un sueño profundo.»
No siempre de la lengua brotan amorosas palabras:
Ven, trae vino, oh tabernero, pon fin a esta charla.
Las lágrimas de Hafiz arrojan al mar su paciencia y talento.
¿Qué hacer si no puede ocultar cómo el amor desgarra su ser?









martes, 21 de marzo de 2017

FARID UDDIN ATTAR (siglo XII) Irán


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LA ARAÑA

¿No has visto a la impaciente araña que pasa caprichosamente su tiempo? Teje con avidez una red maravillosa, con la esperanza de que caiga en ella una mosca. Precavidamente construye una casa que abastece con provisiones para su uso. Cuando la mosca se precipita con la cabeza para abajo en su tela, la araña chupa la sangre de la carne del pobre bichito. Después deja secarse el cadáver en el mismo lugar y continúa tomándolo como su alimentación durante un cierto tiempo. Pero de pronto el dueño de la casa se levanta, con la escoba en la mano. Ahora bien, el nido de la araña representa el mundo y la mosca, la subsistencia que Dios ha colocado en él para el hombre. Aunque el mundo entero te estuviera destinado, lo perderías en un instante. Ya puedes glorificarte dé la realeza del mundo, que no eres más que un niño en la vía espiritual; pues tú te diviertes fuera del telón. No busques la realeza, si no has comido cerebro de asno; y sabe ¡oh insensato! que el reino del mundo está entregado a los toros. Aquel cuyo tambor y cuya bandera señalan la alta dignidad no sabría ser derviche. En cuanto a ti, aléjate de esas cosas, pues no son más que ruido y viento. En efecto, es el viento el que infla la bandera y el ruido sale del tambor; estas dos cosas valen menos que la más pequeña moneda de vellón. No hagas caracolear tanto al corcel de tu necedad, no te deleites tanto en la ilusión de tu elevada posición. Se acaba por despellejar a la pantera y así pronto se te quitará la vida. Puesto que es imposible ser distinguido individualmente, más vale perderse voluntariamente y entrar con la cabeza baja "en el todo". No te es posible ser orgulloso, humíllate pues; ¿hasta cuándo jugarás? O agacha la cabeza y no busques la dominación, o deja el juego y no te metas en tu cabeza. Tu palacio y tu jardín no son para ti más que una prisión. Tu alma es la desgracia de tu alma. Deja esta habitación terrestre llena de ilusiones. ¿Hasta cuándo la recorrerás? Abre el ojo de la verdadera ambición y ve la vía espiritual; pon el pie en esta vía y descubre la corte celestial. Si llegas al punto de hacer llegar tu alma a esta corte, no apreciarás más la gloria del mundo.