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viernes, 13 de diciembre de 2013

JUAN FELIPE ROBLEDO (SELECCIÓN DE POEMAS)

DÍA SOÑANDO FRENTE AL MAR

Saltaba el delfín,                                                                                                                    
era carne fresca,
fresca arteria brillando bajo el sol,
lengua que espejea en el tiempo,                                
delfín sin prisa,
alegre porque sí,
y el cielo lo acompañaba,
alga de almizcle también el tiempo.





 NOS DEBEMOS AL ALBA

Traicionar las palabras,
canjear su peso, su color,
en el sucio mercado de los días
es acto que nos llena de muerte
y ceniza y vago afán.
Ha de ser castigado
con el hierro, la soledad,
el tedio y la miseria.
Nos debemos al alba,
plateros, a la dicha,
y al canto y al remo
y al ensueño trazado en la garganta
y a mañanas sin prisa
en las orillas de un mar que ya no es.
Porque al final todo es olvido
para quien al tráfago su sangre dona,
a la parla chi suona
y a conversaciones con tontos
y mercachifles,
y comete delitos en descampado
con las pequeñas,
las terribles y mansas
y arteras palabras.





ACCIÓN DE GRACIAS
                                                     A mamá
Las mujeres nos salvan
de tedio inmenso
y plateado mundo,
llenándonos de fortaleza
y, en las estancias de la infancia,
oscuras y vibrantes y plenas,
donde hay lámparas por mantas cubiertas,
hacen que detengamos el paso
y nuestro pensamiento vuela
o, mejor, se detiene y fractura
para empezar a vivir en el plexo,
la piel y las uñas.
Nos fijamos en las uñas, ¡aleluya!
y contemplamos el azul sin pausa,
el océano es nuestro alimento
–cuna del tiempo–.
Presentimos distantes lugares
donde la historia es la misma
y no hay moraleja.
En cafés y calles y plazas y teatros




APRENDIZ DE MONJE

Oye una música que estaría mejor en el fondo de un estanque
y se pregunta por qué es necesario nacer para la nada
y si las formas de las nubes serán distintas al mirarlas desde Kuala Lumpur.
Quiere decir que está solo en mitad de la noche y te bendice.

Tu corazón es un ventilador que hace volar las tiritas de papel de su ilusión,
y piensa entonces en Eurídice y el torpe Orfeo tocando la dulzaina o el contrabajo.

Habitas en esta noche, horno de mis  deseos,
pues  no has  tenido  miedo,
y no me dejaste cuando los otros lo hicieron.

Te besa en la frente  y,  como un cuidador de  medianoche,
hace que la linterna recorra el rostro atónito de las cosas
para descubrir en ellas las huellas de tu presencia,
amigo querido que  te das  a  la  mar.



NUBES

Formaron cabezas de caballos,
fueron ijares y escudos,
una piedra que nos mira desde el fondo de un pozo.

Siguieron un camino trazado mucho antes,
en una época en la que todo se decidía en un billar.

La iglesia gris que vio pasar estudiantes confusos sigue vacía,
nunca sonó la campana en ella.

El atento salmodiar de los vendedores de pizza
no ha molestado el lejano rumbo de las nubes.

Pero nuestro corazón no cede.

El curso de la eternidad se dirimió en esta oscura barraca,
y así como arriba, abajo el día es de los navegantes que el cielo respetan,
y, de vez en cuando, miran otra cosa, una lejana. 



LUNA NUEVA

UNOS muchachos extraños en la otra orilla del lago
no nadan con rapidez para volver a casa ,
el nombre del hastío  les es desconocido.

Tienen ganada esta tarde para la felicidad
Y callamos
Imaginando sus rituales secretos.




Nació en Medellín, Antioquia, en 1968. Ha sido profesor de Literatura de la Universidad Javeriana. Ha publicado antologías de la obra poética de Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Juan de la Cruz y del Romancero español. Con el libro |De mañana, ganó el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines en 1999 y con |La música de las horas.el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura en 2001. 




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