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viernes, 10 de agosto de 2012

IV (CESAR VALLEJO)




 



El traje que vestí mañana
no lo ha lavado mi lavandera;
lo lavaba en sus venas otilinas,

en el chorro de su corazón, y hoy no he
de preguntarme si yo dejaba
el traje turbio de injusticia.

A hora que no hay quien vaya a las aguas,
en mis falsillas encañona
el lienzo para emplumar, y todas las cosas
del velador de tanto qué será de mí.
todas no están mías
a mi lado.

                     Quedaron de su propiedad,
fratesadas, selladas con su trigueña bondad.

Y si supiera si ha de volver;
y si supiera qué mañana entrará
a entregarme las ropas lavadas, mi aquella
lavandera del alma. Qué mañana entrará
satisfecha, capulí de obrería, dichosa
de probar que sí sabe, que sí puede
                              ¡CÓMO NO VA A PODER!
azular y planchar todos los caos.

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