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lunes, 24 de junio de 2013

MEDIA NOCHE - LAUREN MENDINUETA (1977)





Las sombras merodean
La muerte me acompaña
Y yo
Tratando de arrancarla como un velo.
Renuncio a los recuerdos
Los pájaros
Permanecerán en el aire
No anidarán en el alma.
¿Cómo encontrar la ausencia?
Voy despoblándome
Y la muerte
Insiste en habitarme

lunes, 3 de diciembre de 2012

EL PÁJARO (Ocatvio Paz)





Un silencio de aire, luz y cielo.
En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio

era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.


viernes, 13 de enero de 2012

CABALLO BLANCO

Del noreste trotando
viene un caballo blanco.
Su silla vacía
cruzada está por dos flechas.
Suponemos muerto
al jinete,
ya que lo fue su comandante
en una reciente
medianoche.
Caótica esta contienda
fábrica de desaparecidos.
Inválidas las lágrimas
para evitar el sesastre.

DU FU

jueves, 25 de junio de 2009

GALERIA DE POESÍA SOBRE LA MUERTE

JORGE MANRIQUE (1440- 1478)
ESPAÑA

5.
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos
descansamos.



GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER (1836-1870) ESPAÑA
LXIX
Al brillar un relámpago nacemos
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir!
La Gloria y el Amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos;
¡despertar es morir!



BINDRANATH TAGORE
(1861- 1941) INDIA
91
¡Muerte, último cumplimiento de la vida, Muerte mía, ven, y háblame bajo!
Día tras día, he velado esperándote, y por ti he sufrido la alegría y el martirio de la vida.
Cuanto soy, tengo y espero, cuanto amo, ha corrido siempre hacia ti, en un profundo misterio. Mírame una vez más, y mi vida será tuya para siempre.
Las flores están ya enlazadas, y lista la guirnalda para el esposo. Será la boda y dejará la novia su casa, y, sola en la noche solitaria, encontrará a su Señor.



ALFONSO REYES (1889-1959) MEXICO

VISITACIÓN

—Soy la Muerte— me dijo. No sabía
que tan estrechamente me cercara,
al punto de volcarme por la cara
su turbadora vaharada fría.

Ya no intento eludir su compañía:
mis pasos sigue, transparente y clara
y desde entonces no me desampara
ni me deja de noche ni de día.

—¡Y pensar —confesé—, que de mil modos
quise disimularte con apodos,
entre miedos y errores confundida!

«Más tienes de caricia que de pena».
Eras alivio y te llamé cadena.
Eras la muerte y te llamé la vida.



HÈCTOR ROJAS HERAZO. (1920-2002) COLOMBIA
Espina para clavar en tus sienes.

Y me voy a morir- tú bien
Lo sabes-
A morirme de barro bien usado, a morirme de risa repentina,
de risa de estar vivo como un hombre.
¿Para qué me trajeron cabestreado
por rosas y rosales y escaleras?
¿Para qué me pusieron estos ojos
y estas manos sin aire
y estas venas?
¿Para qué me pusieron tanta lumbre
tanto donde escoger y tanto frío?
Me dan risa este día y esta hora
Y esta rosa en su tiesto y este muro
Que me grita su yedra y su volumen.
Me da risa la tierra y mis dos piernas,
Las ganas de morirme en que me pudro.
El aire que respiro me da pena.
Pena de coliflor, risa de nada.


Porfirio Barba Jacob (1883 - 1942) COLOMBIA

CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar...
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír...
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!